En casa con Nuestra Señora de Guadalupe

(CNS photo/Nancy Wiechec) (Nov. 21, 2008)

En su primera visita papal a México en 1979, el beato Juan Pablo II, a los pies de la imagen de la Virgen de Guadalupe en su basílica de la Ciudad de México simplemente exclamó “Ave María”.

Veinte años más tarde al visitar nuevamente la basílica y al detenerse cerca del cuadro de la Virgen de Guadalupe, Juan Pablo II realizó la exhortación postsinodal Ecclesia in America (“La Iglesia en América); en la cual propone un plan de renovación de fe en América a través de la nueva evangelización. Haciendo un llamado para un nuevo Pentecostés en la Iglesia de Norte a Sur del continente americano.  El beato Juan Pablo II se cobijó bajo el manto protector de María, madre de Jesús, madre de Dios, madre de la Iglesia – madre nuestra.

Como peregrino, el Santo Padre recorrió los pasos de millones de americanos que por más de quinientos años han llegado a la basílica mariana en México en honor de la Reina de las Américas, la cual nos lleva a su hijo quien es el Rey de los cielos.  Estos peregrinos, desde papas a campesinos, reconocen a Nuestra Señora de Guadalupe como la mujer que dijo “sí” e hizo posible la encarnación de Jesús; ella que estuvo presente en el primer milagro y a los pies de la cruz; ella que fue testigo de Cristo resucitado y estuvo con los Apóstoles en el primer Pentecostés, que es cuando nace la Iglesia. Los peregrinos se postran a los pies de la imagen de la Virgen de Guadalupe para venerarla como madre, la que siempre está para ayudarlos y guiarlos a que conozcan y amen a su Hijo.

En nuestra Arquidiócesis de Washington, nuevamente honraremos a Nuestra Señora de Guadalupe con una procesión que recorrerá las calles de la capital de la nación, la cual partirá del santuario del Sagrado Corazón (localizado entre la calle 16 y la Park road en el noroeste) al mediodía del día sábado 15 de diciembre de 2012. Católicos de todas las edades caminarán aproximadamente dos millas para llegar a las 2:30 de la tarde a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción (ubicada en la calle Cuatro y la avenida Michigan en el noreste). La misa será presidida por Mons. Martin D. Holley y concelebrada por Mons. Francisco González, SF. El homilista será el padre Agustín Mateo Ayala, párroco de la iglesia San Gabriel en el Distrito de Columbia.

La procesión es un hermoso testimonio público de nuestra fe. Los católicos hispanos de nuestra arquidiócesis provienen de 20 diferentes países de Latinoamérica, de distintos orígenes y condiciones sociales, pero unidos en su fe católica, en su amor por Cristo, en su amor por su madre. En casi todos los hogares de nuestra arquidiócesis, más de 200,000 católicos hispanos, encontrarán la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe,  venerada como la madre que siempre está con ellos desde sus hogares de procedencia hasta sus hogares actuales.

En 1531, la Virgen de Guadalupe se le apareció a San Juan Diego, como una mujer mestiza embarazada, hablando su lenguaje y relacionándose con él a través de su humildad y pobreza; trayendo un mensaje de amor y esperanza en Cristo, su Hijo, que inspiraría la conversión de millones de aztecas al catolicismo. La  imagen de la Virgen de Guadalupe que milagrosamente apareció en la tilma de Juan Diego, permanece expuesta en la basílica en la ciudad de México, así como en los hogares y corazones de millones de hombres y mujeres a través del hemisferio. No es de extrañarse, que en 1945, el papa Pío XII designara a Nuestra Señora de Guadalupe como patrona de las Américas.

María de Guadalupe es el modelo de lo que debería de ser nuestra fe. Como nosotros, María fue un ser humano que se afanó para escuchar y aceptar la palabra de Dios, y acoger los misteriosos caminos de Dios. Cuando Dios la llamó, ella dijo “sí”. María trajo a este mundo a Jesús hace más de 2000 años y también ahora nos muestra el camino hacia Él.

La Virgen de Guadalupe puede dirigir a los peregrinos de estos tiempos por el camino de conversión y comunión con Cristo, y solidaridad con los pobres y olvidados – este es el sello para América que el beato Juan Pablo II presentó en 1999 para la nueva evangelización. En 1531 y en nuestros días, la Virgen de Guadalupe nos muestra el camino a Jesús y sabemos que en el peregrinaje nunca estaremos solos.

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